CASO ANDY : “DAR PATADAS AL PESEBRE”

CASO ANDY : “DAR PATADAS AL PESEBRE”
Con desparpajo y descaro, creyó que todo le sería permitido, que sus palabras quedarían sin respuesta y que ningún límite alcanzaría su persona. Creyó que su autosuficiencia, nacida de la costumbre de ver siempre abiertas las puertas, le eximía de respetar las ajenas soberanías y las reglas que rigen entre naciones. Al escribir y difundir aquella carta, no midió que lo que se dice con insolencia no se borra con silencio ni se repara con quejas. Pensó que su denuncia bastaría para revertir la decisión, sin comprender que cuando se le falta al respeto a quienes "sostienen el pesebre", no se puede esperar más que firmeza.
No se le puede "dar patadas al pesebre" y pretender seguir recibiendo de él. Quien se atreve a insultar, a exigir destituciones y a calificar de injusta una decisión que no le corresponde juzgar, no debe sorprenderse si se le cierran las puertas que antes estaban abiertas. Su autosuficiencia le hizo creer que todo se debía a su mérito, cuando en realidad muchos beneficios son privilegios, no derechos. Al dar por hecho que todo quedaría impune, descubrió demasiado tarde que la soberanía ajena también tiene límites y que la prudencia es la primera virtud de quien aspira a servir a su Patria.
El descaro con que se dirigió a una potencia extranjera, acusando a sus funcionarios en tono de superioridad, no logró revocar la medida, sino afianzarla. Demostró que no comprendía que cuando se recibe un beneficio, se guarda respeto, y cuando se pierde, se acepta con dignidad o se busca la vía reservada, no el escándalo que lo perjudica. Creyó que su voz bastaría para doblegar decisiones de Estado, y halló que, quien da patadas al pesebre, termina por ser apartado de él. Quien no mide sus palabras, termina por pagar el precio de su imprudencia.
Aquella autosuficiencia ciega le hizo creer a "Andy" López Beltrán que la ley no le llegaría, que todo quedaría impune por ser quien era. Pero las reglas de las naciones no se doblegan ante la insolencia. Su carta, escrita con desparpajo, se volvió en su contra: cerró toda posibilidad de reconsideración, tensó la relación entre dos países y mostró al mundo la imprudencia de quien cree que todo se lo debe. No se puede ofender, exigir y esperar que se premie. Al "dar patadas al pesebre", demostró que no comprendía su lugar ni su tiempo, y que la soberanía se defiende con prudencia, no con descaro que al final se vuelve contra quien lo emplee.
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