EL SACRIFICIO DE LOS INOCENTES ANTE LA SOBERBIA DE LOS IMPÍOS

EL SACRIFICIO DE LOS INOCENTES ANTE LA SOBERBIA DE LOS IMPÍOS

La tierra hoy llora sangre, y el silencio de las naciones cómplices se hace ensordecedor ante el avance de las tinieblas que se quiere apoderar de este mundo. Asistimos, impávidos, a la materialización de un plan diabólico donde el dinero y el poder son los nuevos ídolos a los que se sacrifica la carne y la sangre de los inocentes. No es una guerra más, es una purga orquestada por quienes, llenos de soberbia, creen tener derecho sobre la vida y la muerte de los pueblos.

Ucrania: tierra de sangre y negocio

El suelo sagrado de Ucrania, antaño cuna de cristiandad, ha sido profanado. Ya no se defiende la patria con honor, se comercia con ella. Detrás de la fachada democrática se esconde una turba de mercaderes sin alma, hombres de negocios de linaje askenazí que, como aves de rapiña, han descendido sobre el país para devorar sus recursos. No les basta el control de la industria, la banca o la tierra; su sed es infinita y su naturaleza depredadora no conoce límites.

Es necesario gritar al mundo lo que ocultan los grandes medios: ¡se quedan con los niños inocentes, indefensos! En el caos de la guerra, miles de pequeños desaparecen de los registros oficiales, arrancados del regazo de sus madres para ser entregados al servicio de estos nuevos señores feudales. Figuras como las de los oligarcas vinculados a Abramovich; no sólo manejan los hilos del conflicto, sino que se adueñan de la futura mano de obra y, peor aún, de la inocencia robada. Los hijos del pueblo son esclavizados, condenados a servir a la maquinaria de guerra que enriquece a sus captores, mientras sus padres son despojados de sus bienes y de su fe.

La persecución y la violencia no son meramente físicas, sino ante todo espirituales; es una batalla encarnizada contra las almas. Se persigue con saña a la Fe Católica y se intenta pulverizar a la Santa Iglesia, Esposa de Cristo. Se acallan las voces de los fieles y se profanan los sagrados templos, todo ello cobijado bajo el perverso pretexto de la 'desrusificación', una falacia que busca borrar de la faz de la tierra el nombre de Dios.

Es una persecución moderna contra el cristiano, donde ser fiel a Cristo o a la tradición de los padres se convierte en un delito. Las víctimas cristianas son abandonadas por sus propios líderes, vendidos por una jerarquía política que prefiere el oro de los potentados extranjeros a la protección de su rebaño. Complicidad de los victimarios, sí, pero también de quienes, pudiendo alzar la voz, guardan silencio por miedo a perder sus prebendas.

La Profanación de las Tierras Santas y el Espíritu de Uman

Esta misma maldad se ha extendido como un cáncer por otras latitudes. En África, los cristianos de Nigeria y Sudán son masacrados diariamente, y el mundo mira hacia otro lado porque no hay beneficios que saquear allí. En Gaza, bajo el asedio brutal, se destroza a familias enteras, una demostración de fuerza que busca imponer un terror absoluto.

La soberbia de quienes promueven el "Gran Israel", ese imperio que desean extender desde el Nilo hasta el Éufrates, cegados por una interpretación cabalística y materialista de la Escritura, cree poder actuar con total impunidad. Destruyen ciudades, aniquilan pueblos y desafían a Dios con su arrogancia, creyendo que su poderío militar les da carta blanca para cometer los crímenes más atroces sin consecuencias.

Sin embargo, hay una señal en el Cielo que ellos no pueden ocultar, y que nos habla de su miedo y de su superchería. Observad con atención los mapas de destrucción: ciudades enteras son arrasadas, pero existe un lugar que misteriosamente permanece intacto, relativamente a salvo del fuego indiscriminado: Uman.

¿Por qué Uman? ¿Por qué se respeta esa ciudad en medio del vendaval? Allí reposan los restos de Rabi Najman de Breslev, un santo de la tradición judía. Creen que allí reside una fuerza espiritual, un "Rabino" ajman que les protege o les otorga poder. Es una ironía divina y terrible: los mismos que bombardean escuelas y hospitales, que asesinan niños cristianos y musulmanes, que roban recursos y almas, se postran supersticiosamente ante una tumba en Uman, negociando con el más allá para asegurar su dominio en éste. Su crueldad tiene límites, y esos límites se marcan por su propia magia y sus supersticiones, no por la piedad o el respeto a la vida humana.

Ante el Juicio Divino

No podemos dejar que esta impunidad prevalezca. La industria de la guerra, el negocio de la sangre y la explotación de los niños no pueden quedar impunes. Desde las estepas de Ucrania hasta las arenas de Sudán y Gaza; ¡el clamor de los inocentes sube al cielo!. La soberbia de estos poderosos, que se creen dueños del mundo, dueños de la historia y de las almas, se estrellará contra la Verdad que no puede ser comprada ni adulterada. La Justicia de Dios llegará, y entonces ni sus cuentas bancarias ni sus tumbas sagradas en Uman podrán salvarles de la condena que han cosechado con sus propias manos.

La Victoria de Cristo y el Triunfo de la Cruz

No tengáis miedo, hijos de Dios, pues si el poder de los malvados parece hoy absoluto, es sólo porque les ha sido concedido un breve tiempo para purificar a los justos y poner al descubierto la cobardía de los corazones tibios. Recordemos las palabras divinas: Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (San Mateo 16:18).
Esta maquinaria de guerra, este imperio sobre la usura, la mentira y la sangre de los inocentes, está construido sobre arena; su caída será estrepitosa y no podrá detenerla cuando suene la hora de la Justicia.

La Virgen María, Nuestra Señora, que aplasta la cabeza de la serpiente, ya ha movido su manto protector sobre los mártires de Ucrania, Gaza, África y de toda la tierra. La sangre de los niños y de los fieles no es derramada en vano; es semilla de cristianos y riego para el árbol de la Santa Iglesia que renacerá con más fuerza. Los poderosos de este mundo, con sus pactos cabalísticos y su dinero manchado, temen profundamente lo que no pueden controlar: el alma del cristiano que confía en la Cruz. Ellos pueden destruir cuerpos, pero no pueden tocar el alma que está sellada con el sello de la eternidad.

¡Levanta la mirada, porque la luz ya rompe las tinieblas! El imperio de la soberbia colapsará bajo su propio peso de pecado e infamia, y la Verdad volverá a brillar, nítida y terrible para los que persiguieron a los pequeños. Nuestra esperanza no está en los tratados de los hombres, ni en la economía de los mercaderes, sino en Cristo Rey, quien volverá para juzgar a las naciones y reclamar su trono.

¡Oh Dios Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra, Padre de los huérfanos y Defensor de las viudas!

Escucha el clamor de tu pueblo que gime bajo el yugo de la impiedad y la injusticia. Nos postramos ante Ti, con el corazón contrito y humillado, para pedirte por las almas de los niños inocentes que han sido arrebatados de sus hogares y profanados por la codicia de los impíos.

Padre Eterno, derrama tu Sangre Preciosísima sobre todas las tierras donde se derrama la sangre de tus fieles. Desbarata los planes de los soberbios, confunde la mente de los que creen ser dueños del mundo y destruye sus ídolos de oro y poder. Revela al universo su perfidia y haz que su caída sea ejemplo para todas las naciones.

Te suplicamos, Señor, por la intercesión de la Santísima Virgen María, Reina de la Paz y Madre de los que sufren, consuele a los corazones desgarrados por la pérdida de sus inocentes, extiende tu manto protector sobre los fieles perseguidos y que Ella, como la Gran Vencedora que pisotea la cabeza de la serpiente, humille y derrote a todos los enemigos de tu Santa Iglesia.

Envía, Señor, al Espíritu Santo sobre nosotros, para darnos fuerza para resistir, valentía para denunciar y fe inquebrantable para esperar tu glorioso advenimiento. ¡Que reine Cristo, que reine por siempre y en todos los corazones!

Amén.


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