EL HOMBRE IDEAL DE LAS DICTADURAS

La situación de carestía generalizada por la que atraviesa el pueblo hermano de Cuba es cada día más alarmante ¡sí, alarmante! Falta de medicinas, alimentos, gas doméstico, combustibles en general, energía eléctrica en las redes de distribución para los hogares. Una moneda devaluada constantemente, salarios irrisorios, un Estado ausente, ineficiente, indolente ante la realidad en que vive el pueblo, tan presente en los discursos de los izquierdistas del mundo y de Latinoamérica en especial, aunque anden de capa caída actualmente.
La dictadura cubana nunca ha sido capaz de solventar las necesidades, en general, de su gente. Siempre ha sobrevivido gracias a la ayuda externa, primero, y durante mucho tiempo, a la vergonzosa limosna de la URSS, a cambio de una lealtad y servicio a los intereses Soviéticos: exportar el socialismo por América, África, o a donde le interesaba a sus amos. Su territorio fue, y sigue siendo, base para los servicios de inteligencia de la antigua Komitet Gosudárstvennoy Bezopásnosti (KGB), el actual Servicio Federal de Seguridad (FSB) de Rusia y del Chino Ministerio de Seguridad del Estado (MSS). Claro que cobran esos favores. Siempre antiimperialistas y serviles a los imperios de su preferencia ideológica.
Pero profundicemos un poco más en este breve análisis de la situación y causas de la negativa de la nomenclatura del régimen a reconocer el grado de sometimiento y sobrevivencia de los cubanos. Uno se pregunta, ingenuamente, ¿por qué los dirigentes, ("la clase dorada", mejor dicho) no se percatan de la realidad? ¿Cómo es posible que la ignoren, que nadie les informe las penurias del día a día al que se enfrentan cientos de miles habitantes? ¡Claro que lo saben! Siempre lo han sabido.
Lo perturbador del asunto es que es justamente la meta de las izquierdas. Por mucho que se quieran disfrazar de "socialismo del siglo XXI", "socialismo democrático", sólo esperan que las "condiciones objetivas" les sean favorables para definir la velocidad a la que someterán a su respectivo pueblo. Sus ideólogos han diseñado el "hombre nuevo" ideal, el prototipo: un hombre sometido a los interese del Estado, con la única ilusión de saberse parte de un engranaje, de servir a un sistema que lo ha redimido de la explotación capitalista, (que quede claro, no defendemos el capitalismo, que también tiene lo suyo): una sociedad que busca ser feliz con la nada, un hombre que no busque la trascendencia, es decir sin espiritualidad y que viva la inmanencia, "la felicidad está aquí y a tu alcance", sólo "sométete voluntariamente, anula cualquier idea rebelde de querer elegir por ti mismo, sólo el Estado, así en abstracto, sabe lo que es mejor para ti".
Si no entendemos lo anterior no podemos descifrar la mentalidad de las nomenclaturas de los sistemas socialistas, ellos están en los suyo y son "congruentes" en su forma de gobernar: Mientras que para nosotros, están sometiendo a sus pueblos a la esclavitud de una dictadura. Según ellos, están dándole "la felicidad", mientras que para nosotros, las sociedades socialistas viven en la miseria; para ellos, los dirigentes, están demostrando que el hombre puede alcanzar "la felicidad" en la pobreza extrema. Cómo decía un amigo de la escuela y de grato recuerdo, refiriéndose a las calificaciones "lo importante es un seis, lo demás es pura vanidad".
Los cambios en el sistema económico anunciados por Díaz Canel, quien porta la botarga de dirigente cubano, sólo responden a la situación del momento, para capear el temporal trumpeano. En el fondo, los dirigentes cubanos están convencidos de que el problema está en el exterior; su sistema -dicen- es perfecto, si acaso un pequeño ajuste, y mucho de control social y ¡ya está!
