LA HERENCIA TRAICIONADA: DEL CAPRICHO DE LA CRIATURA AL EXILIO DEL PADRE

27.02.2026

Desde el principio de los tiempos, la tragedia humana se resume en un intercambio nefasto: la dignidad de ser Hijos de Dios por la gratificación instantánea de un capricho. La serpiente no ha cambiado su táctica; sigue susurrando que la libertad consiste en romper las cadenas del Creador, cuando en realidad, fuera de Su ley, sólo existe el desierto de las pasiones desordenadas.

La Transgresión del Decálogo: El Abuso de la Libertad

​El Decálogo no es una lista de prohibiciones arbitrarias, sino el mapa de navegación para la libertad verdadera. Sin embargo, el hombre contemporáneo transgrede estas leyes bajo la influencia de un relativismo que diviniza el "yo".

​El Olvido de Dios (primeros tres mandamientos): Hemos sustituido al Dios Vivo por ídolos de barro: el éxito, el cuerpo, la tecnología y el poder. El domingo, día del Señor, ha sido profanado por el culto al consumo y al entretenimiento vacío.

​El Desprecio al Prójimo (siete mandamientos restantes): La traición a la herencia divina se manifiesta en la desobediencia a la autoridad legítima, el desprecio por la vida desde su inicio, la banalización de la pureza sexual y la cultura de la mentira y el robo. Al romper el Decálogo, el hombre no se libera; se deshumaniza.

El Banquete de las Sombras: Los Siete Pecados Capitales

​Cuando la libertad se desprende de la verdad, se convierte en libertinaje, y el alma se entrega a los siete vicios que corroen la voluntad. Abusamos de nuestra libertad al alimentar estas pasiones:

​Soberbia: La raíz de toda traición. El hombre cree que no necesita a Dios y se erige en su propio juez.

​Avaricia: El deseo desmedido de poseer, olvidando que somos administradores, y no dueños de los bienes de la tierra.

​Lujuria: La reducción del otro a un objeto de placer, profanando el templo del Espíritu Santo que es el cuerpo.

​Ira: El incendio del alma que destruye la caridad y busca la venganza en lugar de la justicia divina.

​Gula: La incapacidad de dominar los instintos básicos, prefiriendo el manjar de la tierra al Pan de Vida, que es Jesús Sacramentado en la Hostia Consagrada.

​Envidia: El dolor ante el bien ajeno, una clara muestra de no confiar en la Providencia del Padre.

​Pereza (Acedia): El cansancio del alma ante las cosas de Dios; la forma más sutil de despreciar nuestra herencia eterna.

El Cultivo de las Virtudes: Fortalecer para Trascender

​Para recuperar los valores perdidos, no basta con "no hacer el mal". Es necesario el cultivo activo de las virtudes, que son los músculos del alma. Los valores son los bienes que existen en los seres y los conceptualizamos, pero las virtudes son hábitos operativos que nos permiten actuar conforme al bien.

​Virtudes Teologales (Fe, Esperanza y Caridad): Nos unen directamente a Dios, por las cuales creemos y confiamos en Él, y lo amamos sobre todas las cosas.

​Virtudes Cardinales: La Prudencia para elegir el camino al Cielo; la Justicia para dar a Dios y al prójimo lo que les corresponde; la Fortaleza para resistir los embates de la serpiente; y la Templanza para moderar los sentidos y recuperar el dominio de sí.

El Retorno al Hogar

​La traición de los hijos de Dios comenzó con un "quiero ser como Dios". La restauración de nuestra herencia exige el camino inverso: la humildad de reconocer que nuestra mayor libertad se encuentra en la obediencia amorosa a Sus mandatos. Sólo fortaleciendo el alma con la virtud podremos resistir el canto de sirena de una modernidad que ofrece confort a cambio del alma.