LA HERENCIA DE LA DEUDA, EL DESPILFARRO Y EL SAQUEO

LA HERENCIA DE LA DEUDA, EL DESPILFARRO Y EL SAQUEO

Prometió no endeudar al país y barrer la corrupción de arriba a abajo. Sin embargo, al término del sexenio, la deuda pública creció en más de 6.6 billones de pesos, pasando de 10.8 billones a 17.4 billones, superando ya 51% del producto interno. Una cifra histórica que no responde a inversiones productivas, sino a decisiones cuestionables, obras faraónicas y desvíos que la Auditoría Superior de la Federación calcula en más de 417 mil millones de pesos sin justificar, de los cuales apenas una mínima parte ha sido recuperada.

El dinero se fue a megaproyectos concebidos más por capricho que por rentabilidad. El Tren Maya, presupuestado en 120 mil millones, rebasó los 500 mil millones y hoy opera con déficit anual, cubierto con recursos públicos. La Refinería "Dos Bocas" pasó, de 8 mil a más de 16 mil millones de dólares, sin alcanzar su producción prometida. La cancelación del aeropuerto de Texcoco y la construcción del "Felipe Ángeles" (AIFA), sumaron otros miles de millones en gastos innecesarios, sin que ninguno de estos proyectos genere los recursos para pagar lo que costó. A ello se suman programas sociales sin reglas de operación, contratos otorgados sin licitación a empresas de confianza y un sistema de compras públicas opaco que facilitó el desvío sistemático de fondos.

El contraste con el viejo régimen es doloroso: durante setenta años, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) gobernó con privilegios y corrupción, pero lo hacía respetando ciertos límites y cuidando las formas. Este régimen, en cambio, salió más corrupto que el de aquellos setenta años juntos, porque saqueó a plena luz, eliminó organismos de transparencia, concentró contratos en manos de militares y allegados, y convirtió el presupuesto en botín sin rendir cuentas. La corrupción del PRI era vicio; la de este régimen fue sistema: institucionalizó el despojo bajo la bandera de la "transformación" o "regeneración".

Lo más grave no es lo que se robó, sino lo que se hereda a las generaciones venideras. Cada mexicano carga hoy con una deuda cercana a los 151 mil pesos, y hacia 2031 podría superar los 154 mil por habitante. El pago de intereses ya consume más recursos que lo destinado a Educación y Salud juntas. Los jóvenes de mañana nacerán esclavizados a pagar caprichos de hoy: escuelas sin construir, hospitales sin equipo, carreteras sin mantenimiento, porque el dinero se gastó en obras que no rinden y en bolsillos que no trabajaron. Se robaron el porvenir de millones que aún no nacían.

No fue simple despilfarro: ¡fue dejar al país hipotecado para siempre! Quienes gobernaron sabían que no pagarían ellos, sino los que vienen. Y eso es lo más ruin: endeudar a la patria para regalar el dinero a los suyos, dejando a las próximas generaciones solo deudas, ruina y ¡la vergüenza de haber sido saqueados por quienes prometieron liberarlos!


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