SOBRE EL DESMANTELAMIENTO SILENCIOSO DE LA REPÚBLICA

SOBRE EL DESMANTELAMIENTO SILENCIOSO DE LA REPÚBLICA

En un reciente discurso que ha resonado en todo el país, el expresidente Felipe Calderón alzó la voz para denunciar lo que califica como el desmantelamiento deliberado de las instituciones democráticas que México construyó con esfuerzo durante décadas. Su mensaje es claro: el régimen actual llegó al poder por la vía libre de las urnas, pero ahora, paso a paso, va cerrando el camino a quienes vienen detrás, destruyendo los contrapesos que impiden que el poder se convierta en dominio de unos pocos.

El eje central de su crítica señala cómo se ha ido desarticulando el equilibrio entre los poderes. La reforma al Poder Judicial, presentada como democratización, elimina la independencia de los juzgadores y los somete a la voluntad política del gobierno en turno, de modo que, quienes deben juzgar al poder pasan a ser sus servidores. El Instituto Nacional Electoral, que costó tantos años de luchas cívicas, ha sido sometido y despojado de su autonomía real, dejando las elecciones bajo la influencia directa del Ejecutivo. Organismos autónomos encargados de vigilar la transparencia, los derechos humanos y la estabilidad financiera han sido debilitados, vaciados de recursos o convertidos en apéndices del partido en el poder.

Calderón advierte, además, sobre una amenaza aún más profunda: la creciente fusión entre estructuras de gobierno y grupos delictivos, que penetran desde lo local hasta lo federal, comprometiendo la soberanía y la seguridad de la nación. Frente a esto, la respuesta oficial no ha sido reafirmar el Estado de Derecho, sino descalificar a quienes señalan el problema y concentrar aún más el control político.

Señala también que esta demolición no ocurre de golpe, sino por etapas: una institución a la vez, un contrapeso tras otro, hasta que la apariencia de democracia se mantiene mientras la realidad se transforma en dominio personalista del poder. No se trata, dice, de una diferencia de programas o de ideologías, sino de algo más fundamental: la supervivencia de la República misma.

La advertencia del expresidente no es solo un recuento del pasado, sino una alarma para el futuro. Si los contrapesos desaparecen y el poder no encuentra límites, la libertad de todos se encuentra en riesgo. La recuperación de la vida democrática exige, antes que nada, reconocer lo que está ocurriendo y defender lo que queda de las instituciones que garantizan que nadie sea dueño de México.


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